Empieza a hablar, por fin, el director de Máscaras

Isabel Iglesias 10 Xaneiro 2012

En 2009 escribí esto:

Según la RAG:

Máscaras, objeto que representa una cara, que utilizan las personas para cubrirse el rostro, y así transformar su aspecto. La máscara es, por tanto, el acto de ocultar y transformar nuestra propia representación, o incluso adoptar una nueva realidad, como en el caso de los luchadores mexicanos que sólo llegan a la fama respetando la ocultación que proporciona dicha máscara. Es, por tanto, la puerta que da acceso a nuevos universos, pero también puede ser la puerta que los cierra.

Le tuve que dar unas cuantas vueltas a ponerle este título a lo que por aquel entonces era un proyecto de película. Estaba seguro de que era fiel a lo que tenía que ser el espíritu, pero al mismo tiempo no me hacía especial gracia que estuviera sujeto a algún tipo de prepotencia. Por ese motivo la referencia a los luchadores mexicanos resultaba capital, porque si bien aquí no aparecen tipos en mallas coreografiando peleas imposibles, si es cierto que queríamos acercarnos a un universo peculiar en el que la mayoría jamás ha entrado aunque lo conozca.

Pero vamos a arrancar como es debido, explicando qué es Máscaras, algo que para mi resulta tan sencillo y que, lo he comprobado, no parece tan fácil de transmitir.

Un año antes, en 2008, contactaron con nosotros desde ASPRONAGA para realizar un corto, que sería el promovido por esta asociación de apoyo a personas con discapacidad dentro de sus actividades de ocio. Y en ese momento fue cuando se me ocurrió la feliz idea: coger el punto de partida, potenciar los elementos y… esperar a ver qué sucedía.

Y los elementos eran varios, pero el principal no fue otro que la propia incógnita respecto a lo que pudiera suceder. En ese sentido Máscaras nació como una experiencia de observación, y para ello era necesario tener algo que observar. Y este algo en ningún momento lo fueron (o no sólo) las personas participantes, sino el conjunto de situaciones que sabía se habrían de dar, empezando por la necesidad de crear equipo, siguiendo por el proceso de trabajo en grupo para definir qué se iba a hacer, y finalizando por la grabación del propio corto. Un corto que, sin embargo, podría no haber llegado a realizarse. Todo era una incógnita: sabíamos que la situación estaba ahí, pero no hacia donde nos dirigía, mucho menos cómo. Y en el fondo, era sencillo.

Máscaras, la película, se desarrollaba a partir de la existencia del proceso construcción de un cortometraje por parte de un grupo de personas con distintos tipos de (dis)capacidad y sin experiencia previa. Este proceso tenia que fomentar su implicación directa en las decisiones y el resultado, con la única ayuda de una persona, Fe, que en todo momento estuvo con ellos para dirigirlos, y para azuzarlos cuando intentaban desentenderse de la responsabilidad de una historia que, en el fondo, era la suya: Actores de su vida y de su película.

Hice una previsión de como podía desarrollarse este proceso: la manera de arrancarlo, de implicarlos, de que formaran piña para sacar el corto entre todos… En parte se cumplieron, en parte no. El proceso que se había estimado sobre el calendario sufrió alteraciones de última hora, hubo que readaptarse a los ritmos, encontramos nuevas cuestiones que plantear dentro del trabajo de grupo… Máscaras, la película, crecía y exploraba caminos que realmente no habíamos previsto. Pero en el fondo todo obedecía a la incógnita y única regla de la propia historia: que podía suceder cualquier cosa.

En realidad, al despejar esta incógnita quedó lo que en teoría tenia que quedar: hice una película, y ellos vieron hecho, y estrenado, su corto.


Post relacionados: