No reducir la cultura a sus manifestaciones artísticas

APM 27 agosto 2026

De tanto manosear argumentos en torno a la IA, van apareciendo algunas cuestiones que no estaban entre las brechas inicialmente contempladas. Y, cuando aparecen, llegan acompañadas de nuevas preguntas.

Porque sí, la IA puede multiplicar algunas capacidades humanas, pero, también toca preguntar: ¿todo el mundo dispone de esas capacidades? ¿Dónde se desarrollan?

No existe una única respuesta, pero la que nos interesa especialmente desde APM se refiere a qué podemos aportar desde la cultura. Y conviene empezar por no reducir la cultura a sus manifestaciones artísticas.

Cultura es aquello que las personas y las comunidades construimos: conocimientos, valores, lenguajes, costumbres, formas de relacionarnos, interpretar el mundo y transmitirlo. Frente a lo dado por la naturaleza, cultura es lo aprendido, pensado, creado y compartido.

El arte aparece dentro de ella cuando, además, somos capaces de transformar todo eso mediante el talento y la creación. Y tampoco es un accesorio.

Leer una novela exige interpretar perspectivas que no son la nuestra. Una película puede obligarnos a distinguir entre lo que vemos, lo que creemos haber visto y lo que alguien ha decidido mostrarnos. Una obra puede incomodarnos porque no confirma lo que pensábamos.

Comparar relatos permite descubrir que los mismos hechos se pueden seleccionar, ordenar y explicar de maneras diferentes. Y crear, añade otras capas.

Quien construye un relato tiene que seleccionar y decidir qué entra y qué queda fuera, establecer relaciones, elegir un punto de vista y preguntarse qué comprenderá otra persona y qué información necesita para hacerlo.

Pero hay algo más difícil de medir y quizá por eso demasiado fácil de relegar. La experiencia estética también nos configura. Nos permite imaginar, emocionarnos, reconocer, extrañarnos, jugar, compartir significados y crear otros nuevos. No necesita ser solemne para ser profunda.

Nada de eso requiere inteligencia artificial, pero resulta imprescindible considerar su importancia en una sociedad que empieza a utilizarla cotidianamente para acceder al conocimiento, interpretar información y construir respuestas. Quizá por eso convenga dejar de defender la cultura únicamente por aquello que contiene.

La cultura también construye capacidades

Y algunas las necesitamos para no convertirnos en receptores pasivos de las respuestas que proporcionen las máquinas. Pero aquí el desarrollo de capacidades conecta con algo en lo que la sociedad parece avanzar bastante menos: el #DerechoAEntender.

La eliminación de barreras es un derecho, reconocido además en diferentes normas y leyes que obligan, ante todo, a instituciones y gobiernos en todos sus niveles.

Hacer comprensible la información significa revisar cómo escriben y comunican las instituciones, las organizaciones y quienes producen conocimiento para eliminar complejidad innecesaria, ordenar, explicar, proporcionar contexto.

Una sociedad que se autoproclama “garantista” debe trabajar simultáneamente en las dos direcciones: eliminar las barreras cognitivas y ampliar las capacidades con las que podemos comprender, interpretar y preguntar.

Ahí la cultura tiene bastante que hacer.

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