Siete razones que hacen de «Las madres de los pingüinos» una serie diferente
Rosalía Sánchez es fisioterapeuta y doctora en Gerontología, con una amplia trayectoria profesional, investigadora y asociativa en el ámbito de la discapacidad. Fue miembro de las juntas directivas de ALCANZAR, GRUMICO y COGAMI y desarrolló también una etapa de representación política en el Parlamento de Galicia y en el Ayuntamiento de A Coruña. Y es también, una gran aficionada al cine. Desde esta experiencia y conocimiento, los acercan su mirada sobre «Las madres de los pingüinos» 🙂
Cuando la discapacidad deja de ser un cliché
Ha resultado para mí sorprendente y gratificante encontrarme con una serie como “Las madres de los pingüinos”, una producción polaca de Netflix estrenada en 2024. Son seis episodios que siguen a Kama, una luchadora de MMA y madre de un niño de siete años autista, Jaś, que cambia de colegio y acaba en un centro educativo para niños con necesidades especiales.
Aunque reducir la serie a “la historia de una madre cuyo hijo es autista” sería quedarse muy lejos de lo que realmente plantea, sería simplista y eliminaría la complejidad de los personajes, ya que en esta serie la discapacidad no es el argumento, la discapacidad forma parte de la trama igual que forma parte de la vida.
Esta serie es capaz de abordar aspectos clave cuando la discapacidad de un hijo se pone sobre la mesa:
1.-Ni héroes ni víctimas
Hay algo profundamente agotador en muchas de las películas y series que hablan de discapacidad, casi siempre parecen empeñadas en decirnos qué debemos sentir ante ellas. Suelen existir dos representaciones aparentemente opuestas que, en realidad, tienen algo en común, ambas deshumanizan a las personas con discapacidad: por un lado está la víctima y por otro, el llamado “héroe de la superación”, esa persona que pese a su discapacidad consigue estudiar, trabajar, practicar deporte, enamorarse o simplemente levantarse cada mañana, usando la vida cotidiana de las personas con discapacidad como fuente inagotable de inspiración, independientemente de cómo sean o de lo que hagan, cosificándolas a través de puro “porno inspiracional”.
Quizás uno de los mayores aciertos de la serie sea precisamente el hecho de que la discapacidad no aparece como un elemento extraordinario que convierte a sus personajes en seres diferentes al resto de la humanidad: cada niño tiene su personalidad, sus preferencias, sus conflictos y sus relaciones; y cada madre presenta sus propios miedos e inseguridades, sus contradicciones y su vida más allá de la discapacidad de sus hijos. Y esto, que debería ser lo normal, no lo es tanto en la ficción.

Kama, por ejemplo, no es presentada como una madre perfecta, tiene prejuicios, dudas y miedos, es una madre a la que al principio le cuesta aceptar la realidad pero que logra evolucionar cuestionándose sus propias ideas y aprendiendo a comprender mejor a su hijo y a las personas que la rodean, con un resultado mucho más honesto.
2.-El entorno forma parte de la discapacidad
Otro de los grandes aciertos de la serie es que no sitúa todos los problemas en el niño o en la persona con discapacidad, la discapacidad también está en el entorno en forma de barreras, prejuicios, en la mirada de los demás, en las familias que no saben cómo reaccionar y en un sistema educativo que no siempre responde adecuadamente a las necesidades de todos los alumnos.
En lugar de preguntarnos únicamente qué le pasa a esta persona, la serie nos obliga a preguntarnos qué está pasando alrededor de esta persona.
3.-¿Educación ordinaria o educación especial para los niños con discapacidad?
La serie pone sobre la mesa una cuestión largamente debatida: ¿educación ordinaria o educación especial para los niños con discapacidad?, e implícitamente habla de los colegios que venden la llamada “falsa inclusión”, escuelas donde los niños con discapacidad apenas comparten espacios con sus compañeros, donde no existen los recursos necesarios, donde los profesionales no están lo suficientemente formados, donde es muy difícil que todos los niños compartan las mismas actividades…
La serie pone de manifiesto cómo la denominada “falsa inclusión” lleva a la frustración de niños y padres y habla, a su vez, del derecho de los padres a decidir lo que es mejor para sus hijos.

4.-La realidad de la discapacidad es difícil e incómoda
Otro motivo por el que la serie resulta interesante es que no pretende resultar cómoda al espectador, no presenta una versión edulcorada de la discapacidad.
La discapacidad implica miedo, frustración, negación, prejuicios; hay situaciones incómodas; hay padres que no saben cómo enfrentarse a lo que está ocurriendo y hay conflictos familiares y sociales. La serie refleja todo esto y precisamente por eso resulta creíble, porque la discapacidad no necesita que la ficción la maquille necesita que la ficción la mire de frente, algo que resulta mucho más difícil aunque tremendamente valioso.

5.- Los cuidadores como individuos de pleno derecho
La serie tiene además otra virtud: aborda magistralmente el papel de las personas cuidadoras. Alrededor de la discapacidad existen muchas personas, pero ninguna debería desaparecer como individuo por el hecho de cuidar.
Las madres tienen sus propios deseos, frustraciones y contradicciones, en ningún caso la maternidad las convierte mágicamente en personas perfectas o en seres de luz.
6.-Discapacidad y derechos
La serie se interesa también por las dificultades que afrontan las familias para conseguir los apoyos necesarios, porque hablar de discapacidad también significa hablar de derechos, de accesibilidad y de inclusión real.
No basta con mostrar una silla de ruedas en pantalla o a un niño autista, es necesario mostrar qué ocurre cuando el mundo no está preparado.
7.- “Con discapacidad” no “discapacitados”
“Las madres de los pingüinos” es una serie que no pretende hablar por las personas con discapacidad y quizás sea esta ausencia de paternalismo y condescendencia lo que hace que se sienta diferente.
Tampoco utiliza la discapacidad como recurso sentimentaloide destinado a arrancar alguna que otra lágrima, simplemente la incorpora a la vida de sus personajes, lo que permite que podamos mirar a las personas y no solamente a su diagnóstico.

Es evidente que necesitamos menos historias “sobre discapacidad” y más historias con personas que tienen discapacidad, porque en un panorama audiovisual que durante demasiado tiempo ha reducido la discapacidad a tragedia, superación o inspiración, encontrar una historia que se atreva a mostrar contradicciones, problemas cotidianos, relaciones humanas y personas imperfectas supone un cambio de paradigma. Esta es, para mí, la gran lección que nos deja esta serie.
No necesitamos que todas las películas y series sobre discapacidad sean solemnes, no necesitamos que sus protagonistas sean héroes o seres que sufren con el objetivo de que el espectador aprenda una lección.
Quizás “Las madres de los pingüinos” resulte tan diferente porque no nos pide admirar, nos pide simplemente conocer.