Lo cotidiano tiene muchas palabras comodín que hemos ido adaptando a la (falta de) exigencia derivada de la necesidad de movernos en terreno conocido. Curiosa contradicción que nos lleva a enterrar lo que está por venir entre patrones y estereotipos.

Y en nuestro abanico de recursos uno de los más socorridos es la palabra “normal”. En el desarrollo de este proyecto, “la normalidad” es un concepto que nos hemos visto obligados a revisar constantemente hasta el punto de socavar, en más de una ocasión, ideas que creíamos bien asentadas.

Porque la “normalidad” tiene sus causas y, evidentemente, también sus consecuencias.

Frase a frase y sin darnos cuenta vamos construyendo un escenario en el que la normalidad de ser uno mismo (que es la única normalidad posible) se hace difícil, complicada y tramposa. Sin darnos cuenta vamos escribiendo para los demás, y sin sospecharlo siquiera para nosotros mismos, un guión tan amable como duro, tan sincero como ignorante, tan libertario como suicida. (Manuel Calvillo)

La simplificación de modelos sociales nos lleva al maniqueísmo y a la distorsión de la realidad que oscurece el futuro. Lo único que nos queda es apelar a una verdad reconstruida, no por lo que vemos delante, sino por lo que hay detrás de lo que (no) vemos.

Precisamente porque “frase a frase y sin darnos cuenta” se van asentando los conceptos, no estaría de más preguntarse por lo que hay detrás de las palabras escogidas. Porque lo natural depende del contexto y las reglas que van quedando obsoletas no se revisan sino que, por lo que estamos viendo, se cambian a golpe de decreto cuando conviene… ¿a quién?

Tras las metáforas de la vida moderna se esconden vacíos contradictorios

Si… capacidad es: Aptitud, talento, cualidad que dispone a alguien para el buen ejercicio de algo.

Y… por discapacidad se define “que tiene impedida o entorpecida alguna de las actividades cotidianas consideradas normales, por alteración de sus funciones intelectuales o físicas”

Entonces… además de una definición incompleta, no estamos usando la misma unidad como referencia de medida.

Resulta que una persona con un gran talento para el dibujo, por ejemplo, si coincide que es sorda, entra en la categoría de discapacitada. Y esta etiqueta, antes que su talento para el arte, será la que le acompañará toda su vida. ¿Pero es que alguien tiene todas las capacidades? Si hacemos un repaso, todos tenemos (dis)capacitad para muchas actividades de la vida cotidiana.

El discurso de lo políticamente correcto suele ser paternalista y sus aportaciones, la mayor parte de las veces, residuales, cuando no abiertamente dañinas para el conjunto de la sociedad. Ya que parece ser buen momento para una limpieza general, y puesto que lo inteligente es construir, conviene empezar por airear los falsos y traicioneros supuestos para dejarnos de interpretaciones al pie de la letra. Porque estar al pie de algo o alguien es doblegarse, mejor mirar al horizonte en toda su dimensión

La boca es pequeña para según qué palabra. En cambio, el silencio es inmenso como un viejo caserón familiar: todo cabe y todo se pierde


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